| Las Ciencias Básicas del siglo XXI, el sistema escolarizado y la vida cotidiana |
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| Escrito por Eduardo González Ramírez | ||||||
| martes, 19 de febrero de 2008 | ||||||
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¿Cómo se relacionan las Ciencias Básicas del siglo XXI del sistema escolarizado con la vida cotidiana de nuestros hijos? Mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
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En más de una ocasión muchos de ustedes como padres de familia ven como sus hijos se preguntan para qué sirve estudiar en las instituciones educativas temáticas vinculadas con las ciencias básicas como lo son las Matemáticas, la Física o la Química por dar algunos ejemplos. Algunos se responden de forma natural e inmediata y dicen: ¡Ah, pues muy sencillo! porque si las estudio aprobaré mis exámenes escolares y aún mejor, en el futuro, con esas buenas calificaciones lograré obtener las mejores oportunidades de trabajo o podré continuar con mis estudios en una Universidad de prestigio y entonces tendré un gran poder adquisitivo (en el mejor de los casos) y podré gozar de todas las comodidades habidas y por haber. Puede ser que algunas de estas repuestas sean suficientes para que se animen a seguir con ahínco a las eruditas ( y a veces no tanto) instrucciones de los docentes al frente del aula pero, muy seguramente, el entusiasmo durará poco tiempo pues se toparán con la pared de las desilusiones inherentes al cambio de grado o semestre o trimestre (o tetramestre que algunos llaman cuatrimestre) al darse cuenta de que lo que habían aprendido y más o menos comprendido de tal o cual materia se ha… ¡esfumado! y peor aún, cuando necesitaban de esos conocimientos para asimilar los nuevos, porque les enseñaron a pensar y recordar linealmente, es decir les dijeron algo así como: las computadoras surgieron gracias a muchos descubrimientos científicos de las ciencias básicas, fue necesario que a alguien se le ocurriera pensar primero en un sistema de numeración adecuado como por ejemplo el binario formado por ceros y unos (inventado por Leibnitz), después fue necesaria la invención de los bulbos que hacían que una computadora que hiciese largos pero aburridos cálculos matemáticos (sin cursores, ni ratones, ni ventanas tipo Windows) ocupara un espacio de varios cientos de metros cuadrados y generara tanto calor como el mejor sauna, también posteriormente fue necesario que a alguien se le ocurriera inventar el transistor, unir muchos de esos transistores, miniaturizar todo con tecnologías foto-litográficas y después encapsularlo para formar un microprocesador y finalmente conformar con otras muchas partes complejas una rápida, flamante y chic Computadora Personal (o servidor si así se quiere ver) de cuatro procesadores a 5 GigaHertz cada uno, con 1 Terabyte de disco duro, quemador de DVD Blue Ray, todo conectado inalámbricamente con pantalla de Plasma de 80 pulgadas incluida. Pero ustedes como padres pueden formularle a sus hij@s las siguientes preguntas: ¿Quiénes hicieron esos descubrimientos científicos básicos (para después ser inventos) tenían sensaciones?, ¿Cómo eran sus vidas?, ¿Qué les gustaba hacer a esas personas además de pasársela enclaustradas en laboratorios rodeados de libros, recipientes y máquinas exóticas de todas formas, colores y sabores? Las respuestas en la mayoría de los casos serán nulas o parciales, porque resulta que si sus hij@s fueron lo suficientemente atrevidos como para hacer esas cuestiones “incómodas” en el aula, a lo más obtenían una seca respuesta por parte de sus profesores (a veces formulada en una nueva pregunta) como: ¿Por qué esa pregunta? ¡Es irrelevante para lo que estamos tratando de memorizar! Además, esos son chismes (respuesta típica de aquel que no sabe la respuesta pero no quiere decir simplemente: No sé, ¡pero investiguemos! (y eso en el mejor de los casos)). Tristemente nos damos cuenta de que si no se aprendieron todos los detalles de esa materia se les olvida el resto, porque todo se relacionaba como en una cadena de recuerdos en donde es fundamental tener los eslabones completos de la línea de producción de pensamientos.¿Y qué pasaría si les dijeran que por ejemplo Leibniz (inventor del sistema binario y de nacionalidad alemana) era muy orgulloso y se la pasó toda su vida peleando con el más de una vez endiosado Newton (inglés) por la primacía de la invención del cálculo infinitesimal? o ¿Acaso no sería más interesante saber que el archimillonario Bill Gates abandonó sus estudios universitarios para perfeccionar un sistema operativo que compró a un módico precio para después distribuirlo como Windows, que se vende actualmente en todos los rincones del planeta y que además tuvo agrias peleas con el inventor de la Mac, Steve Jobs, porque al parecer le plagió la idea del ratón o mouse, las ventanas y la versatilidad que mostraba el sistema operativo de la Mac?; ¿No sería todo esto más divertido si hicieran lo siguiente?: 0.- Generar curiosidad con respecto a un tema científico o tecnológico (esto es en buena parte el papel del docente (que en TeleGenio es un Docentusiasmador Creativo). 1.- Investigar por nuestra cuenta acerca del tema. 2.- Confrontar datos históricos. 3.- Generar controversia con nuestros coetáneos intelectuales. 4.- Crear nuestras propias hipótesis o ideas propias acerca de los motivos y sus conexiones. 5.- Generar más controversia . 6.- Hacer muchos experimentos por nuestra cuenta sin necesariamente seguir el famoso y aburrido “Método Científico” si no más bien investigar cómo cuando somos curiosos y simplemente buscamos pies y cabeza a las cosas a NUESTRA MANERA. 7.- ¡Finalmente aprender significativamente y con más sentido que sólo memorizar y reaccionar como Helix aspersa! (el Helix aspersa es un caracol cuyo sistema nervioso permite que tenga actos reflejos muy primitivos, pero que le permiten sobrevivir si se le condiciona a “recordar” ciertos estímulos). Pues bien así es como se construye la Ciencia, sí, esa invención humana llamada ciencia que nos ha permitido llevar ideas, experimentos y descubrimientos básicos a desarrollos tecnológicos que permiten que el autor de este artículo lo haga cómodamente desde su casa en este portal web. Pero entonces ¿Qué es la ciencia?,(tanto padres como hijos nos preguntamos) ¿No es lo que me enseñaron en la escuela acerca de seguir paso a paso de forma ordenada y limpia los procedimientos de aquel manual de prácticas de Biología? La respuesta es NO (en el sentido estricto), eso no es hacer ciencia. Veamos: la palabra ciencia viene del griego epísteme, disciplina del conocimiento absolutamente cierto y demostrable en su acepción original. Esta definición ya ha caducado, de acuerdo con el teorema de la incompletitud de Gödel en Matemáticas, nada es absolutamente cierto y demostrable, y se reduce a todo aquello cuya garantía acerca de su validez es propia y cuenta con tres características fundamentales: a) Es demostrable. b) Es descriptible. c) Es corregible. Es decir que todo aquello que se considere una Ciencia, es un sistema de elementos que inicialmente se encuentran dispersos pero que cuando son contextualizados y ordenados en un marco teórico y experimental adecuado (lo que no pasa con las matemáticas ya que son puramente una Ciencia formal, es decir, que no necesita de experimentos para verificar sus enunciados de verdad) conforman un orden y este orden finalmente se puede reducir a leyes que se pueden expresar o no en formas enunciativas. Pues bien, esa posible definición grandilocuente de la ciencia es un proceso análogo al que todos nosotros tenemos que pasar a lo largo de nuestra más temprana infancia, como cuando por ejemplo debemos encontrar la forma de encender un juguete nuevo o cuando observamos con gran curiosidad cómo reacciona una lombriz cuando le vertimos sal encima. Resulta que estos procesos de aprendizaje preescolares son los que constituyen a final de cuentas, la construcción del conocimiento científico, que los más grandes investigadores utilizan inconcientemente en sus búsquedas de respuestas a preguntas que parecen complejas pero, en realidad guardan intrínsecamente la curiosidad que expresa el niño más pequeño. ¿Entonces esto quiere decir que la mayoría de las instituciones educativas disecan artificialmente nuestro deseo por conocer y lo convierten en un artificio que a final de cuentas nos lleva a detestar algunas de las materias de ciencias básicas? En muchos de los casos sí, así es, pero en muchos otros simplemente canalizan algunas inquietudes y la plantita de la curiosidad sigue viva gracias a que algunos la guardamos con recelo y cuidado para que nunca se marchite y muera. Lo que nos diferencia como seres humanos de otras especies es precisamente la capacidad de preguntarnos y procurar respondernos a las preguntas que nos formulamos, inventando (en el proceso) artefactos que nos permitan tener mayores comodidades aunque esto algunas veces dañe a la naturaleza de modo irreversible. Entonces podríamos concluir que la ciencia del siglo XXI está con nosotros gracias a los descubrimientos e invenciones tecnológicas de siglos que nos antecedieron y que definitivamente vale la pena comprender mucho más de las ciencias básicas como la Física, la Química y la Biología como una forma de disfrute y goce intelectual dejando a un lado el marasmo memorístico que tan en boga está en algunos sistemas educativos escolarizados y que afectan a la curiosidad innata en la búsqueda de lo inesperado, por tanto, es apremiante la necesidad de darle un enfoque distinto al proceso de enseñanza-aprendizaje para crear así, una metodología pedagógica que sea novedosa y llamativa para el estudio de las ciencias básicas, inyectando de esta forma a sus hi@s la curiosidad y la necesidad de comprender y resolver situaciones nuevas eyectando como consecuencia a los inertes y arcáicos procesos memorísticos. Es legítimamente humano pensar que, quienes hicieron algunos de los más grandes descubrimientos fueron personas de carne y hueso que se atrevieron a seguir en la búsqueda, con persistencia y pasión, para finalmente encontrarse de frente con situaciones completamente inesperadas y que han permitido que nos asombremos con la revelación de los más grandes secretos que guarda la naturaleza en su regazo en este inacabable proceso llamado “la búsqueda de la verdad científica”, que finalmente nos permite (a lo menos) evolucionar y procurar estar en equilibrio con todos los entes (tanto vivos como muertos) de nuestro maravilloso Universo. Eduardo González Ramírez.
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