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EN EL INSTANTE EXACTO
En el instante exacto...
En el instante exacto en que día y noche se entremezclan y el hálito de luna se desvanece en un suspiro, una mano pálida, añorante, acaricia la pulida superficie de un espejo buscando, torpe, triste, esperanzada, el más suave destino a sus anhelos y maldiciendo el día en que abriera los ojos a un mundo injusto, ese mundo que le incita a desear cuanto escapa de su alcance. En busca de consuelo, se fuerza a recordar que sin ellos, sin sus ojos, jamás hubiera atisbado imagen tan amada, y que el mundo no sólo es tierra de leche, miel y dones, madurados a placer de nuestros labios, también es tierra y huesos bajo los pies, lluvia en la frente, viento en la espalda y deber en el horizonte, y es padre, madre, hermano, hijo, y espina dorsal, vida, y muerte. Por todo esto, es sabio cantarle a la esperanza y recordar que cuando ríos, montañas, husos horarios, costumbres, músicas, atuendos, o la absurda genealogía conspiran para enloquecer a los relojes que roban días al calendario, retroceden, leales, las mareas, para abrir camino a los amantes.
HERIDA DE LUZ
Es una herida de luz que sangra al anochecer, se derrama lentamente y me sume en el vacío en un abismo sin puertas, un infierno sin ventanas, donde el corazón se estrella en las paredes ante su indiferencia y sólo responde la piel de los besos ausentes.
SEÑALES
De tanto mirar al horizonte olvidé mirar a mi alrededor, como olvidé el habla de tanto comunicarme por señales de humo; y mi piel se volvió gris por la ceniza incrustada en sus poros... y pasó ya el amor, pasó el dolor, y pasó la rabia, pero no pasó el hábito de buscar tu respuesta en las montañas y mi condena es interpretar señales que ya no son mías.
LA VÍA DE LA ACEPTACIÓN
Soy la proa del acantilado. Abrazo el viento, me engulle con su fuerza. Recorro la vía de la aceptación y de mis brazos brotan plumas plateadas. El Destino me apela; volaré, cruzaré el abismo, aunque el vuelo me haga blanco fácil del cazador.
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