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TEMA: Ojeras
#151
Ojeras 3 Años, 6 Mess ago Karma: 0  
Tempus passat. Dormir ya no es un remedio idóneo para borrar mis ojeras y en las fotos que me sacaron ayer parezco una versión de Casper con pelo. Salir sin maquillaje a la calle se ha convertido en osadía. Soy joven, sí, pero los treinta me acechan y contra treinta no puedo. Un cambio de decena que no sé si ha venido o no acompañado por un cambio de mentalidad, pero ha venido, y además, bien cargadito de exigencias que no sé si sabré satisfacer alguna vez.

Ayer, justamente ayer, me encontré con alguien con quien hace años pensé que no volvería a hablar. Y hablamos. Y además, nos entendimos. Qué interesante que ambos, venciendo el pánico, nos dejáramos llevar por la conexión pasajera para luego decirnos "no, no debemos cometer el mismo error, pero nos debíamos este bello reencuentro". Un reencuentro limpio, porque yo ya no soy dueña de su corazón ni él del mío, pero lo fuimos y, con esa certeza, es fácil cerrar los ojos y volver al pasado cabalgando sobre la estela de las estrellas fugaces.

Hubo una época en que la verdad cabía en mi mano. Esa mano me hubiera estrangulado antes de permitir ese momento. Ya no es el caso, mis verdades han crecido y yo he cambiado.

Creo que, de ahora en adelante, me encontraré con él más a menudo.

También ando conociendo a otro joven. Él no lo sabe. Es probable que nunca lo sepa. Puede que el inocente crea que es él quien me está conociendo. En conocer se obtiene más placer que en la fusión si sabemos elevar este proceso a la categoría de arte. Poco a poco voy siendo capaz de adivinar dónde está a qué hora, qué piensa en cada momento, qué temas le aburren y cuáles le llaman la atención. Transmite una gran intensidad en cuanto hace. No pierde la tranquilidad, pero despide convicción y alegría, cualidades para mí necesarias; así que se ha convertido en un foco al cual me acerco pero, a diferencia de otras mariposas, procurando no quemarme las alas. Ya me ha insinuado un par de veces que nos debemos alguna conversación en privado, preferiblemente acerca de un tema sobre el que sea imposible llegar a conclusión alguna, regada a conciencia con una o dos botellas de vino.

El espíritu del vino es caprichoso.

Sonrío al pensar que hace una veintena de años las chicas normales ya estaban casadas, con la vida resuelta, algún hijo en el mundo y otro en camino. Ahora no hay tierra en la que echar raíces, por eso vivimos en jardines colgantes, actitud ni más ni menos legítima que la que se estilaba en el mundo en el que nuestros padres vivieron, un mundo que ya no existe, aunque a veces me proponga olvidarlo.

Hace unos meses me dejé llevar por otro de mis sueños de eternidad. Un sueño de eternidad, y más tratándose de amor, no es más que un delirio de grandeza compartido. No debemos renegar de él, al contrario, hay que vivirlo y, con franqueza, no estuvo mal. Sólo que el cántaro en el que deposité todas mis esperanzas se rompió un día y éstas con él. Parecía que el cariño, la comprensión, los recuerdos gratos y demás etecés iban a seguir ahí, fuimos civilizados. Por eso él, civilizadamente, al poco tiempo se fue con otra. Quizá le corría prisa el arrancarme de su mente y de su alma.

Admito que no puedo evitar sobresaltarme si le veo. El corazón se me va a la boca. Cuanto más me afecta, menos lo demuestro. Al principio no pensaba, sólo sentía y corría como perra abandonada detrás de él. Por suerte, superé pronto esa fase y ya he asimilado que él no forma parte de mi futuro, por lo que he aprendido a ignorarle y desde que le ignoro me busca, amparándose en su humano interés por mí. Intuyo, no obstante, que sus intenciones no son amistosas ni amorosas, sino morbosas; busca cerciorarse de la presencia del agujero negro que me atraviesa el pecho desde que me dejó. ¡Engreído!

Igual por eso lleno el vacío con pequeños caramelos.

O será que me apetecen.

Para los días en que una no anhela una dosis de calor o seducción, sino tiritas en las heridas porque anda baja de moral, están los amigos que siempre han estado enamorados de mí y que jamás se me han declarado. Sé quienes son, pero su misma cobardía les priva de todo misterio a mis ojos, no me atraen. Lo agradable de ellos es que basta con hacerles un mohín para que acudan corriendo a consolarme y a convencerme de mis virtudes, mi atractivo; según ellos, no tendré que ir a dormir sola si no quiero.

Ignoran que a diario duermo sola... y porque quiero.

Otro tema ya son mis ojeras.

El maquillaje se hace imprescindible.
 
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