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EL EGO
No puedo imaginar mi vida sin mí. Tampoco puedo imaginar en qué se convertirá el Universo en mi ausencia. El Universo existía millones de años antes de mi nacimiento y seguirá existiendo, tal vez millones de años más, después de mi muerte. Sin embargo, nada se crea ni se destruye, todo se transforma. No hace falta que cite la referencia, es un axioma, desde su enunciación existió eternamente. Según ese axioma yo existía antes de nacer y seguiré existiendo después de morir. Existiré mientras exista el tiempo. No sólo de forma abstracta, a través de la perdurabilidad de mis escritos en vuestras memorias, a través de mi forma de entrar o salir de vuestras vidas o, si me diera por reproducirme, a través de mis genes. Es inevitable. Otra cosa es que evite los malos vicios (los buenos no) y espere a ver la luz verde del semáforo antes de cruzar la carretera. Inmortalidad sí, imbecilidad, no.
Quienes, como yo, tienen el ego muy grande, cuentan, son mayormente occidentales y no han sufrido lo suficiente como para querer trascender al ego, a la búsqueda del placer y a la evitación del dolor, a la vida y al Universo sin ellos. Dicen que el dolor da un tipo de comprensión que no se puede conocer mediante el hedonismo o la sensatez de Epicuro; que recomendaba que viviéramos razonablemente bien, pues los excesos a la larga dan más dolor que placer. Una opinión semejante a la que leí en un foro Satanista, ¡gracias a Dios!. Los mandamientos Satanistas de esa página eran una versión especular de los 10 mandamientos de Moisés pero, como alguna mente brillante detectó que no seguir los mandamientos puede causar algunos problemas y no sólo de índole espiritual, resolvieron que unos pecados pueden contrarrestar a otros, en pro de una conducta pecaminosa moderada y responsable. Uno de los ejemplos que daban en esa página (que ya no existe) era que si, por ejemplo, incurrir diariamente en la gula nos llevaba a engordar, podría venir la vanidad de querer vernos guapos en nuestro auxilio. Otro posible ejemplo (ya de cosecha propia) es que si la pereza provoca que tengamos la casa "manga por hombro", por nuestro egoísmo, por nuestra propia incomodidad, acabaremos limpiándola y ordenándola. Este caso le hubiera encantado a Aristóteles, porque parece confirmar su teoría de que sólo el Bien nos hace felices, y si alguien busca el Mal, es que está mal informado sobre lo que le conviene.
Creo que si me diera por querer trascender a mis apegos, al estilo oriental, sería signo de que algo anda muy mal en mi psique. El ego sólo se hace sabio a través del conocimiento del dolor, del placer y de la mediocridad; pues la vida, la vida humana, normalmente es un tramo mediocre sazonado de momentos maravillosos y trágicos. Sí, comencé afirmando que mientras el tiempo y el movimiento existan, seré eterna - exactamente igual que vosotros- y lo mantengo. Y sí, sé que este escrito no durará más que una cara de folio y ya sólo quedan unas líneas para alcanzar esa frontera.
Sólo puedo concluir de una manera: Todos tenemos Ego y, además, es Justo y Necesario que lo tengamos; es lo que nos impulsa a la acción y a desarrollar la identidad. Lo único negativo; no somos capaces de construir nuestro Ego sin dejar en mal lugar el Ego de algún prójimo; las personitas somos así. En suma, todos tenemos Ego, pero ya no hablaré más del mío, pues el Ego hay que llevarlo elegantemente y nada hay más elegante que el silencio.
Martes 05/08/08, Crónicas Plumíferas
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