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DE PROFUNDIS
¡Hola!. Hoy, día de buenos propósitos, me propongo escribir y no de cualquier manera. Quiero ser clara. Quiero ser llana. Quiero ser directa. Como una vez dijera una amiga de la infancia “¡Frases cortas, Silvia! ¡A los hombres hay que hablarles con frases cortas!”. Y, como me enseñaron en magisterio, las adaptaciones pedagógicas que ayudan al que está en desventaja no perjudican a quienes no las necesitan. Así que ya sabéis: “¡Frases cortas!”. Si eres hombre, prometo que entenderás lo que leas. Si eres mujer, también. Que la felicidad maltusiana nos invada.
Miro el reloj. Son las 15.33. Miro el calendario. Es miércoles 30 de enero del 2008. A las 16 he quedado en el Messenger con una amiga que, según la costumbre de los últimos días, me acabará hablando de amor – o de amores- pues, como diría un amigo mío “lo que ha pasado antes, volverá a pasar”. Ese amigo en cuestión también hablará de amor- o de amores-. O mi hermana, que ahora anda revoloteando por Salamanca, cuando llegue de su viaje me hablará, más que de amor, del mal de amores. Con otros amigos, más que del mal de amores, lo que se estila es compartir la mutua ausencia de amores, los sufrimientos derivados de su presencia o ausencia, los desengaños amorosos, las aventuras no trascendentales, los factores que contribuyen a obtener del Caos soledad o compañía, si ambas merecen o no la pena… y, como imaginaréis, los y las hay que, directamente, me mandan a buscar novio. ¿Cuánto queda para la primavera? Algo menos de tres meses, pero cualquiera lo diría.
También ayer otra amiga, muy buena poetisa, me dio a leer un proyecto de carta de amor que desea presentar a concurso. Eso me hizo recordar una ocasión en que me presenté a un concurso de cartas de amor. No gané e, independientemente de mis méritos literarios, era de esperar; se trataba de una carta de amor hacia mí misma, una gran provocación en este tipo de concursos… pero el tema no me afecta; lo importante es lo que me reí al escribirla y que, quizá, logró arrancar una sonrisa a gente cercana que necesitaba recordar que sin amarse uno mismo es difícil amar a los demás.
Más observaciones. Hace dos días, navegando en mi ciberpatera, encontré un blog de psicología cuya dirección se ha perdido en el olvido (si la encuentro, la anexaré por aquí) en el que, a propósito del amor, se decía algo como “si el amor es una grave alteración de la percepción y el estado de ánimo, ¿Cómo te atreves a tomar en ese estado una decisión a largo plazo como casarte?”. Según el autor, antes de decidir tal cosa, hay que esperar a que el enamoramiento pase; pues bajo ningún estado alterado de conciencia deben tomarse decisiones que puedan incidir en la propia trayectoria vital.
18.50. Ah, caray, cómo pasa el tiempo. ¿De qué estaba hablando? ¡El amor! ¿Cómo no hablar del amor? Cuando, envestida de furia adolescente, comencé a protestar contra el estilo romántico, considerando trillado, vulgar e irrelevante tanto escribir sobre lo mismo, no pensaba que mis razones sólo se apoyaban en mi inmadurez. El escritor no puede huir de la tesitura de escribir sobre el amor porque éste, aunque no sea un concepto autoconsistente, mueve el mundo, nos mueve a nosotros. El escritor sólo es un espejo que refleja lo que hay. Ni siquiera puede aspirar, por sí mismo, a cambiarlo. Sólo ha de aspirar a mostrar alguna vez el enfoque nunca visto, el que falta para acercarnos poco a poco a una visión de la realidad- o lo que quede de ella-.
Otra tentación a la que difícilmente puede escapar el escritor es a la de hablar de sí mismo. Podemos afilar las plumas y camuflar por muchas vías ese yo omnipresente, pero jamás evitaremos que esté ahí, manipulando al lector, manipulándose al texto, manipulando al autor que se esconde de sí mismo. Igual la literatura sólo es el proceso de encerrar el alma en un cesto para meterla en un texto. Aprovecho la ocasión para decir que el escritor debe huir también de la rima interna. Y de las frases largas. Cosas las tres que me cuestan bastante.
Volviendo a la página anterior… Me recomiendan que busque novio. Sobre todo la gente proactiva. Otros me recomiendan la estrategia pasiva: acudir a lugares con novios potenciales, descartar entre quienes mostraran interés por mí y elegir la pieza que más me tiente entre el muestrario; sin dejar de prestar siempre atención a las fluctuaciones del mercado.
Para ejemplificar lo de las fluctuaciones del mercado, lo mejor es remitirme a la Anécdota Estrella de Año Nuevo. La inefable operación rubio. El resumen es el siguiente: comencé el año 2008 en una fiesta con un rubio- bólido que sólo una vez había conversado conmigo (y de eso hacia meses) contándome cuán maravidupenda soy – esto a la par que se inclinaba peligrosamente hacia mí hasta que, en un alarde sin parangón de sutileza, salí corriendo-. El caso es que, una vez me recuperé de la impresión, consideré que el joven andaba bastante ebrio y que, aquella vez que él estaba sobrio, no me cayó mal y decidí hacer por verle, para ver qué tal actuaba con la cabeza fría y un café por delante. “Hay que abrirse”, dicen, “Silvia, tú eres demasiado exigente”.
Por cierto, hombres del mundo. Nunca digáis a una mujer “Eres demasiado exigente”. Sólo mostráis tener menos autoestima que un calcetín sudado. Y nadie saldría con un calcetín.
Cuando vine a tener noticias del sujeto, 26 días después de la noche de autos, resultó que se había echado novia. ¡En 26 días! (suponiendo que comenzara a salir con la chica el día 2, si no, menos aún). Dudo que mi ego supere el ser tan reemplazable. Es un signo de los tiempos. Los affaires, incluso hipotéticos, ya no son una inversión a largo plazo, sino un ejemplo de patrimonio circulante.
Bromas aparte, no os preocupéis por mi autoestima. ¿Qué mujer no tiene algún o algunos caballeros leales dispuestos, como mínimo, a endulzarles el día? Ya os imagino preguntándoos en quién o quiénes estoy pensando. No lo diré. Lo que sí aclararé es que los caballeros leales suelen hallarse a caballo entre lo muy difícil y lo imposible; entre la esperanza, el sueño y el ataque de sugestión. Rescato aquí una vieja idea de mi costalito: lo perfecto sólo está en la mente. Ni siquiera hay criterios homogéneos para definir la perfección… pero lo mental es hermoso, atemporal, está a salvo de la debilidad, la ignorancia y las manchas de la rutina…. y alimentan el alma aunque no dé calor ni genere dependencia.
19.37. ¡Qué tarde ya! Acabo de recordar una frase que leí en una entrevista que hizo “La Vanguardia” a un empresario japonés: “En tu empresa, en tu profesión, en tu vida; lo que no hace falta, sobra; lo que no suma, resta”. A este tipo de filosofía se la llama kaizen. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que no se puede discutir en ciertos temas con los japoneses; así que, como creo que tenéis dos dedos de frente (y si no, apañaos con dedos supletorios), confío en que haréis caso del consejo. El asunto del rubio era basura mental. Los consejos bienintencionados de quienes quieren saber mejor que yo cómo vivir mi propia vida son basura mental. El ir “de caza”, tramar estratagemas de seducción, el buscar la felicidad en el otro sin encontrar la propia identidad, es basura mental. Buscar fuegos devoradores, emociones insanas, dependencia, dejarse llevar por la manipulación mental establecida, es basura mental. No podemos aspirar a absorber a otro ser humano y que este también nos absorba hasta formar un monstruo híbrido que proclame ¡somos uno! antes de fracturarse por la mitad.
La distancia entre dos cuerpos se puede medir en milímetros y trazarse en línea recta. La distancia entre dos almas es infinita. Y si el alma no existiera – y los gatos con botas se dedicaran a crear mundos en su tiempo libre- más infinita todavía. No hay que banalizar la búsqueda de un compañero. Ni es una obligación ni ha de ser un “chupete” que nos haga sentir más en consonancia con la sociedad en la que nos sumergimos. Se trata de una mezcla entre azar, razón y valentía; se trata de hallar al compañero de vida que sirva no sólo para reír o pasarlo bien, no sólo para dar calor y reforzar la autoestima; sino para lo importante, para soportar y compartir el infierno de la existencia con una sonrisa.
Y que conste que no lo digo yo. Lo canta “El hombre gancho” en “Tenerte o no tenerte”.
Saludos Plumíferos a 19.59 del 30/01/08.
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