|
Al principio sólo eran dos y su amor era sencillo...
Al principio sólo eran dos y su amor era sencillo. Consistía en abrigarse en las noches más frías; despiojarse cuando, con el calor, llegaban los bichitos; colaborar con el otro para coger comida de los árboles y, a ratos, jugar a hacer hijos -no siempre resultaba, pero daba igual, se divertían-.
Un día, tras un sueño anormalmente profundo, todo cambió. La vida era más cómoda. Dejaron de picarles los mosquitos y de invadirles los piojos. Ya no era necesario esforzarse en conseguir comida. No hacía falta desplazarse para llegar a ningún sitio, en unos cuantos pasos obtenían todo aquello que pudieran necesitar.
Hasta que aparecieron los inconvenientes. La jaula era insalvable, no se podía salir de allí, pues atisbaron a otros animales enjaulados, animales viejos que podían llevar allí encerrados muchos años. También descubieron que nunca tenían intimidad, pues en todo momento les rodeaban unos seres extraños que les hacían cucamonas.
Ahora nunca eran dos, su amor ya no era sencillo. Ya nunca jugaban juntos, ya no se ayudaban a recoger comida de los árboles, ya no sentían las picaduras de los bichitos en verano y ya no tiritaban de frío en invierno.
Así es difícil mantener una relación.
|