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I
Por qué nos quedamos solos, querida mía, ¿acaso porque seguimos hablando con las flores, porque comprendemos el cantar de las ranas?. ¿Es, acaso, porque necesitamos abandonar de vez en cuando el mundo de los hombres?. Dime, querida mía, por qué la luz de nuestro sol es sólo luz solar, por qué la luna es simplemente un objeto, por qué en este mundo de hombres ya nadie quiere escucharte, y por qué ya no se cantan los versos.
II
Te vi, sentí tu perfume, el tacto suave y mágico de tus pétalos, y me resistí a llevarte conmigo, oh, flor recién abierta. Pasaron los días, pasaron eternas noches, y volví a encontrarte en el mismo lugar en el que por primera vez, quedé transformado por tu belleza. Marchitos están tus pétalos, esos dedos con que un día me tocaste, tus semillas ya han germinado, y tu aroma es un imperceptible recuerdo de lo que antaño me besó. Pero, oh, querida mía, ¡cuánto más hermosa eres en este momento!. Descansa tranquila entre mis brazos.
Un fuerte abrazo a todos, Fer.
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