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Hola, amigos. He de confesar que he estado bastante tiempo con la idea de escribir un poco en esta sección del foro. No lo he hecho hasta hoy porque me es muy doloroso hablar sobre mi infancia, por los amargos y felices recuerdos. Sin embargo, creo que esta pequeñez, como es una breve ¿auto?biografía, es o puede ser sin embargo un alivio para otras personas. Me lo tomo, pues, como un deber moral por mi parte. Discúlpenme si voy de aquí para allá en el tiempo. Bien, nací en un pueblecito de Sevilla, en el seno de una familia muy humilde, sobretodo económicamente. El perfume de la pobreza siempre me ha rodeado, y yo amo ese perfume. Sin embargo, no es agradable ver a tus familiares en una situación tan difícil como es no saber si se va o no poder comer al día siguiente, cómo pagar las facturas o comprarle ropa nueva a los hijos. Yo he heredado de mi madre la sensibilidad y la ternura que, creo, marcan mi personalidad, y de mi padre el deseo de lo infinito, esa tendencia que hace que el ser- no el ego- se expanda sin contención en un acto de perfeccionismo que, obviamente, nunca es saciado. Aprendí a leer muy tempranamente, y aún hoy, recuerdo a la perfección todos los cuentos de Marco Polo, de Heidi y tantos otros que me leí por aquél entonces. Mis recuerdos se remontan mucho más atrás, al período en el que estaba todavía en la cuna, pero esto es otro asunto. Curiosamente, de niño fui hiperactivo, y después en la adolescencia, con la lectura de los grandes filósofos y matemáticos, la energía física fue transmutándose en energía mental, hasta el día de hoy, en el que a veces tengo problemas para dormir cuando no agoto dichas energías. Mis intereses infantiles se reducían a la entomología y la etología en general, de lo que nunca pude hablar ni siquiera con mis profesores, que desconocían estos temas, de modo que poco a poco me fui aislando más y más, hasta el punto de que a los 25 años tuve que ponerme en manos de un psicólogo por fobia social. Los psicólogos muchas veces sirven de excelente guía, y a mí me sirvió para cambiar la dirección de mi mirada y verlo todo, de esta manera, con nuevos y renovados ojos. Mi familia nunca se dio cuenta de que mi capacidad mental era bastante superior a mi desarrollo físico, yo era muy tímido y tampoco me gustaba mucho hablar, aunque ya a los cinco años hacía mis propios trabajos entomológicos y había captado excelentemente el método científico empleado en dicha rama de la etología, pero el caso es que pasé inadvertido. El salto generacional entre mi familia(hermanos incluídos) y yo fue tan grande que la comunicación ha sido sólo posible a través del amor y el cariño. También muchos de los chicos que me rodeaban me excluían de sus grupos, porque a mí no me interesaba en absoluto ni los juegos a los que jugaban, ni los temas de los que conversaban. Además, los grupos que se forman en edades infantiles suelen ser muy jerárquicos, al modo de los animales, y claro, yo era igual de enclenque que lo soy ahora, y pocos me tomaban en serio. No tenía yo pinta de líder, hablando claro. Fue así como mi realidad se fue tornando cada vez con mayor intensidad una realidad "ideal", y el confrontamiento de lo real con mi realidad siempre ha sido fructífera, y también muchas veces dolorosa. La adaptación como podréis imaginar siempre fue difícil y complicada. Dejé los estudios en el nivel de secundaria; mis padres no se podían plantear la posibilidad de pagarme la universidad, pues ni siquiera podían pagarme los libros de la escuela y, además, sea dicho otra vez, me aburría en las clases como hoy me aburro cuando veo la tele. Quede claro que no culpo a mis padres de nada, pues no tengo ni un sólo motivo para ello; mi decisión fue mía. Ahora no tiene sentido preguntarse si fue una decisión acertada o no, pero si pudiera volver hacia atrás en el tiempo, no volvería dejar los estudios. En cuanto a mi inteligencia, viví dos momentos de explosión de la misma: una en torno a los cinco años y otra en torno a los doce. Fueron momento mágicos, en los que sentí cómo mi capacidad mental aumentaba a niveles que yo insospechaba. La creatividad siempre ha sido un rasgo definitorio de mi ser. No puedo dejar de crear, y si pasa un día en el que no hago algo creativo me siento vacío y el sentido que le doy a mi vida se ve resentido. Todo, todo sirve para crear. ¿Y qué es lo más creativo que se haya hecho en el Universo? El Universo es creación, y el amor su mayor expresión de creatividad. El amor, el amor... Hoy, a los 34 años, he adquirido el don de la experiencia y su regalo: una mayor profundidad de visión. Sigo siendo en buena medida aquél jovencito que se admiraba con todo lo que veía, pero ahora lo hago desde otra perspectiva. Tengo problemas para encontrar un empleo que se adecue a mis posibilidades y, de hecho, aún no lo he encontrado. He trabajado de albañíl, jardinero, electricista, pintor, gerente de un parking subterráneo, de modelo, constructor de paredes de roca y muchos otros trabajos más. En el último empleo que tuve trabajaba de electromecánico. Si a esto se le añade una cierta hipersensibilidad emocional(no en modo alguno desequilibrio)se puede uno imaginar lo difícil que se me hace a veces la vida. Llevo diez años recluído en una pequeña isla del Mediterráneo, rodeado de pocos y muy buenos amigos, y gran parte de esos diez años han sido de aislamineto intelectual, hasta que he descubierto plataformas de comunicación y parendizajes como Telegenio, maravillosas por el bien que hacen, y a personas como Antonio, que te hacen sentir que ahí, al otro lado, hay Hombres de verdad.
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